La Ilustración: las ideas y los personajes

Los Héroes de la Ilustración, documental sobre las ideas que transformaron Europa desde Newton hasta los enciclopedistas franceses del siglo XVIII.

Los Héroes de la Ilustración 2 las ideas y los hombres que protagonizaron los cambios políticos de finales del S. XVIII, desde Voltaire a la Revolución americana y la Revolución Francesa a través de personajes como Federico de Prusia, Jefferson y Condorcet.

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Esquema de la Revolución Industrial

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Las industrias en la Revolución Industrial en Inglaterra

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El paso del Antiguo al Nuevo Régimen

La transición al liberalismo, aspectos económicos, políticos y sociales

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Ellis Island: La entrada de los emigrantes europeos a EEUU

Era una antigua creencia popular, a menudo considerada verdadera por los inmigrados más ingenuos, que en América las calles fueran adoquinadas de oro. Cuando llegaron aquí, han descubierto tres cosas: en primer lugar, que las calles no estaban adoquinadas de oro, en segundo lugar, que las calles no estaban adoquinadas para nada, y en tercer lugar, que eran ellos que tenían que adoquinarlas”.

Desde mediados del siglo XIX, los Estados Unidos se habían ganado una reputación mundial de tierra de libertad y libertades, derechos y justicia. Los millones de inmigrantes europeos que decidieron emprender el viaje, dejando atrás no sólo su país, su cultura y costumbres, y su lengua, sino también a gran parte de sus conocidos y familiares (que muchos no volverían a ver jamás) soñaban con esa “tierra dorada” plena de oportunidades en la cual cualquiera, fuera cual fuese su origen o condición social, podía llegar a ser millonario. Una tierra donde el esfuerzo propio y el trabajo daban frutos. Una tierra de esperanza.

Desde finales del s. XIX hasta mediados del s. XX. Situada frente a la costa de Nueva York, en la desembocadura del río Hudson, sus escasos 0’24 km2  la isla de Ellis fue la puerta de entrada a los EEUU de más de 12 millones de inmigrantes, que buscaban en suelo americano aquello que sus países de orígen no les podía proporcionar.

 

La Estación Federal de Inmigración fue establecida en la Isla de Ellis el 1 de Enero de 1892, inaugurando sus instalaciones con la recepción de la primera inmigrante, Annie Moore, una adolescente irlandesa de 15 años. Fue clausurada el 12 de Noviembre de 1954, tras revisar el caso del último visitante de la isla, Arne Peterssen, un marino mercante noruego.

Entre estas 2 fechas más de 12 millones de personas pasaron por la isla, donde fueron identificadas, registradas, y recibieron una revisión médica cuyo objeto era impedir el paso a los portadores de enfermedades contagiosas. Se calcula que hoy en día cerca de 100 millones de americanos descienden de esos 12 millones de inmigrantes que pasaron por Ellis Island… es decir, un tercio de la población!!

La travesía

 

Después de semanas, los barcos repletos de inmigrantes llegaban a la bahía de Nueva York. La imponente figura de la Estatua de la Libertad, cercana a Ellis Island, y la silueta del bajo Manhattan les daban la bienvenida, pero las autoridades médicas y de inmigración les hacían esperar. Usualmente, los barcos debían esperar su turno antes descargar a los viajeros debido al exceso de inmigrantes en Ellis Island, y aquí muchos comprendían que Estados Unidos no era una tierra de completa igualdad; los pasajeros de primera y segunda clase eran desembarcados directamente en Nueva York, sin más controles, y entraban libres en América. Los viajeros de tercera, la gran mayoría, debían pasar antes por los controles médicos y de inmigración de Estados Unidos. El desconcierto, el miedo, la inseguridad y el desconocimiento reinaban entre los inmigrantes en esta etapa.

Una vez que había espacio libre, los barcos se acercaban al puerto de Nueva York y desembarcaban a los inmigrantes por miles. Entonces, en grupos de 30, iniciaban el corto viaje hasta Ellis Island.

Durante el pequeño trayecto desde el puerto de Nueva York hasta Ellis Island los inmigrantes recibían una suerte de órdenes que muchos de ellos no comprendían: les hablaban en inglés. Hombres uniformados les indicaban qué hacer, pero sólo unos pocos comprendían aquellas palabras, y el resto se limitaba a seguir la fila. Un dato curioso recogido por los muchos relatos de los inmigrantes hace referencia a una pequeña comida, que consistía en un sándwich, que los inmigrantes recibían durante su tiempo de espera. Para una gran mayoría este nuevo formato alimenticio resultaba novedoso, y era identificado con las virtudes de Estados Unidos.

En Ellis Island, la gran mayoría siguió el siguiente trayecto: desembarcaban directamente en el Edificio Principal, y desde ahí los dirigían a la Sala de Registro. Sin saberlo, eran observados por los médicos, que buscaban signos de enfermedad, debilidad, o problemas mentales. Aquellos que mostrasen que no iban a ser capaces de valerse por sí mismos en su nueva vida habían perdido la batalla. Ni siquiera los niños escapaban de aquél escrutinio inicial. Si los doctores sospechaban que alguno de aquellos inmigrantes tenía algún defecto, los marcaban con un código, un símbolo estandarizado que indicaba su desorden particular: L (lameness) para los cojos, H (heart disease) para problemas cardiacos, E (eyes) para problemas visuales, Ft (feet) para aquellos con problemas en los pies, S indicando senilidad, una X para aquellos de quienes sospechaban padecían problemas mentales, etcétera Cuando las inspecciones formales comenzaban, los doctores prestaban especial atención a los marcados.

Aquellos que superaban positivamente el control médico, con un passed impreso en sus cartillas, eran sometidos a un control legal y mental, una serie de preguntas y respuestas acerca de ellos mismos y de su futuro inmediato en EEUU, así como de sus conocimientos sobre el país. Primero iban las preguntas del control mental. En dicho examen, tanto las respuestas físicas (caras, movimientos…) como el estado del inmigrante (nerviosismo, ansiedad…) eran estudiadas en búsqueda de desórdenes psicológicos. Lógicamente, las contestaciones que daban a las preguntas eran otro baremo. Una cuestión habitual consistía en contar hacia atrás desde veinte hasta cero. Otro tipo de requerimientos demandaban el dibujo de caras tristes o alegres, círculos, diamantes… El resultado de este control mental podía suponer el paso al siguiente examen, el legal, o el dibujo de una X y un posterior y más detallado examen psicológico.

Después de 1917 se añadió otra prueba adicional: los inmigrantes deberían ser capaces de leer un texto de 40 páginas en su lengua materna o serían devueltos a su país. Pero ya que los estadounidenses sabían más bien poco sobre otras lenguas ajenas al inglés, los intérpretes ayudaron a sus compatriotas, que recitaban el Padre Nuestro (o cualquier otra oración, pues no todos eran cristianos) mientras miraban un libro cualquiera escrito en su lengua nativa.

El requerimiento monetario (normalmente $25) era seguido con una estricta escrupulosidad, del mismo modo que muchos $25 eran pasados de inmigrante a inmigrante, a veces de forma altruista, a veces por unos cuantos centavos. Pero de entre todas las preguntas del examen legal, una era especialmente peligrosa: ¿tienes un trabajo esperándote en los Estados Unidos? Irónicamente, los inmigrantes debían demostrar que eran válidos y capaces para encontrar un trabajo en EEUU, pero que no lo tenían aún. Sí decían que un trabajo les estaba esperando en EEUU, eran inmediatamente devueltos. Antes de ser aceptados y pisar Manhattan (cuando ya eran americanos) los inmigrantes no podían tener trabajo, o se consideraba que estaban robando empleo a los estadounidenses. En 1885, el Congreso aprobó una ley que impedía la entrada a los inmigrantes que obtuvieron su pasaje a cambio de trabajo (los patronos los contrataban en Europa y les pagaban el pasaje a cambio de un trabajo agotador y un salario mínimo con el cual debían pagar dicho pasaje), ya que las condiciones de dichos acuerdos se consideraban tremendamente injustas.

Una vez más, para las mujeres (y sus hijos) el asunto era más enrevesado. Aun cuando hubiesen pasado satisfactoriamente el resto de controles, y el mismo control legal, los funcionarios no podían dejarlas pasar a menos que sus padres, esposos o familiares varones cercanos los reclamasen.

Uno de los últimos pasos antes de ser aceptados suponía la anglonización del nombre original de los inmigrantes. En muchos casos, dicho proceso consistía en colocar un nombre que sonase a inglés y como apellido, el lugar de nacimiento del inmigrante. No hay datos exactos sobre cuántos inmigrantes vieron su nombre alterado, pero los historiadores coinciden en que la cifra fue muy elevada.

Finalmente, con los controles médicos y legales superados, los inmigrantes recibían, en su propia lengua, un pequeño libro para su americanización, el nombre literal que se dio al proceso de integración de los nuevos inmigrantes en las costumbres patriótico-constitucionales de los EEUU.
Así, además de ser informados de sus derechos, los nuevos ciudadanos conocían también sus obligaciones. Entonces embarcaban el ferry que los dejaría en Nueva York o en Nueva Jersey, donde comenzarían una nueva vida. Si todo había ido bien, su paso por Ellis Island no había superado las 5 ó 6 horas. Pero para otros muchos la estancia se extendería días, semanas o incluso meses.

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Mapa del tratado de Versalles

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Esquema de la crisis política de Entreguerras

Dictaduras años treinta

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